jueves, mayo 24, 2007

La Loca Aventura del Matrimonio (II)

Decíamos ayer que en sucesivos posts iba a contaros un poco acerca de los preparativos más "frikis" (aunque creo que lo suyo es catalogarlos como más "personales") de mi boda. De la que por cierto hoy se cumplen los dos meses. Ole. Por ahora, vamos bien, como decía Steve McQueen en "Los Siete Magníficos".

Y lo primero, claro estaba, era pensar en un diseño apropiado para las invitaciones. Finalmente, el primero de ellos, aunque original, no llegó a cuajar, y como el tiempo se nos echaba encima, al final optamos por una fórmula más sencilla, más típica de invitación de boda, pero "adaptada" a nuestro caso.

Así que, ni cortos ni perezosos, pusimos a mis personajes estrella, Bacilón y Pelote, en situación. Más tarde, un amiguete me comentaría que, gracias a la invitación, por fin se había hecho una idea de la orientación sexual y del género de los mismos :-D.
Les dimos un toque azulado por dos razones, principalmente. La primera es porque el azul mola, y la segunda, pues porque sí. El caso es que ya teníamos la portada para la invitación. Ahora sólo quedaba ponerle algo bonito por dentro, para acompañar al texto habitual en este tipo de circunstancias.

De nuevo hice uso de mis personajillos para retratar algunas escenas clave del evento, tal y como aparece a continuación. Y también hubo quien, después, me comentaría que la disposición de los dibujos (inicialmente aleatoria) le había sugerido hasta una historia. Qué cosas. Si es que me salen hasta inconscientemente.

Por último, quedaba la ardua tarea de preparar todas las invitaciones, a mano. Bueno, sí, los dibujos se escanearon, colorearon e imprimieron mecánicamente. Pero la parte de buscar unas cartulinas lo suficientemente chulas, de ir a la imprenta a que nos guillotinaran el papel a la justa medida (y fueron un par de viajes hasta que dimos con la medida exacta), y de pegar todas las partes, corrió por cuenta nuestra.

La guinda final de la invitación son las tres florecillas de hilo dorado que adornan la esquina, confeccionadas también a mano por la madre de mi mujer, o lo que es lo mismo, mi suegra (para que luego se quejen tanto los sufridos esposos).

El resultado final es el que aparece aquí abajo.

Portada de la invitación

En la siguiente imagen se puede observar también que el sobre donde iba contenida la invitación estaba lacrado (ya puestos, ¿por qué no hacerlo con clase?). Y al abrir la invitación, lo que aparecía era esto:

Ya sólo quedaba entretenerse en entregar (o enviar, a los que nos pillaran más lejos) las invitaciones y esperar, pacientemente, la confirmación (o no) de la asistencia. Pero todavía faltaba rematar un par de detalles más para todos nuestros familiares y amigos que nos iban a acompañar en un día tan especial.

Continuará...

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