viernes, septiembre 04, 2009

Vida de perros

Aquí, una historia que me ha pasado un amiguete (¡gracias, Pelopi!), y que va dedicada a todos aquéllos que piensan que llevan una vida (y sobre todo, un trabajo) de perros. ¡Ánimo!

El Perro

Un carnicero estaba a punto de cerrar su negocio cuando vio entrar un perro. Trató de espantarlo, pero el perro volvió.

Nuevamente intentó espantarlo, pero entonces se dio de cuenta que el animal traía un sobre en el hocico.

Curioso, el carnicero abrió el sobre y en su interior encontró un billete de 50 euros y una nota que decía: ¿Podría mandarme con el perro 1kg de carne picada de ternera y 1/2kg de pierna de cordero?

Asombrado, el carnicero tomó el dinero, colocó la carne picada y la pierna de cordero en una bolsa y puso la bolsa junto al perro, pero olvidó darle el cambio al perro.

El perro empezó a gruñir y a mostrarle los colmillos.

Al darse cuenta de su error, el carnicero puso el cambio del billete en la bolsa; el perro se calmó, cogió la bolsa en el hocico y salió del establecimiento.

El carnicero, impresionado, decidió seguir al can y cerró a toda prisa su negocio.

El animal bajó por la calle hasta el primer semáforo, donde se sentó en la acera y aguardó para poder cruzar.

Luego atravesó la calle y caminó hasta una parada de autobús, con el carnicero siguiéndole de cerca. En la parada, cuando vio que era el autobús correcto, subió seguido por el carnicero.

El carnicero, boquiabierto, observó cómo el can, erguido sobre las patas traseras, tocó el timbre para descender, siempre con la bolsa en el hocico.

Perro y carnicero caminaron por la calle hasta que el animal se detuvo en una casa, donde puso las compras junto a la puerta y, retirándose un poco, se lanzo contra ésta, golpeándola fuerte. Repitió la acción varias veces, pero nadie respondía en la casa.

En el colmo del asombro, el carnicero vio al perro tomar la bolsa con el hocico, rodear la casa, saltar una cerca y dirigirse a una ventana. Una vez allí, tocó con las patas en el vidrio varias veces sin soltar la bolsa; luego regresó a la puerta.

En ese momento, un hombre abrió la puerta... ¡y comenzó a golpear al perro! El carnicero corrió hasta el hombre para impedirlo, diciéndole: Por Dios, amigo. ¿Qué es lo que está haciendo? ¡Su perro es un genio!.... ¡Es único!

El hombre, evidentemente molesto, respondió: ¡¡Qué genio ni qué coño!! Ésta es la segunda vez en esta semana que al muy estúpido se le olvidan las llaves... y yo en el baño.

MORALEJA:


Por más que te esfuerces y cumplas más allá de tu deber en el trabajo, a los ojos de un jefe siempre estarás por debajo de lo que él quiere.

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