lunes, noviembre 30, 2009

Citas célebres nunca dichas (I)

Los lunes es lo que tiene, que te levantas temprano, aún sin reponer fuerzas del fin de semana (sí, es que ahora, hasta "descansar" cansa), y de camino al trabajo, escuchas las noticias por la radio y empiezas a pensar en cosas raras.

Y es que, con todo el revuelo con el Alakrana (atención, que hasta se ha ganado su propio rincón de la fama, un lugar en la historia en forma de entrada en la Wikipedia), y ahora con la noticia reciente de los cooperantes secuestrados en Mauritania, uno no puede evitar pensar en el origen de todas estas situaciones.

Casi con total seguridad, el punto álgido de estos movimientos lo podríamos situar en un lugar y fecha muy concretos, en el World Trade Center un 11 de septiembre. Pero está claro que el origen del problema viene de mucho, muchísimo antes.

Y es entonces cuando se me ocurre una cita incélebre, una frase que ningún personaje famoso puede que haya dicho nunca, pero que seguro que ha pensado.

Más de una vez, y de dos. Y hasta de tres.

Y seguro que también se les ha pasado por la cabeza a más de dos y de tres.

Sentados en su sillón de piel, con su traje de Armani, disfrutando de un copazo de coñac del caro, incluso desgustando un buen puro (aunque no se pueda fumar dentro de la oficina, en teoría), mientras revisa los crecientes beneficios de sus acciones en bolsa, en su despacho de 90 m2 en el piso 33 de un edificio, en una gran ciudad, en un país indeterminado, pero por todos conocido.
"Quién iba a imaginar que esos salvajes pobres infelices individuos iban a usar esas armas para atacarnos, en lugar de matarse entre ellos."
Hoy, me siento un poco más avergonzado de ser humano, y de, de una forma que no alcanzo ni alcanzaré a comprender, con mis impuestos o sin ellos, por omisión o no, haber permitido que se llegue a situaciones como éstas.

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