jueves, abril 18, 2013

Salón del Cómic de Granada 2013

El pasado fin de semana fue horrible. No podía uno entrar en ninguna red social sin que todo el mundo le restregara por la cara que ellos estaban pasándolo bomba en el Salón del Cómic de Barcelona, y tú no. Un asco, vaya. Qué mala es la envidia.

Así que sólo por eso, para resarcirme, yo voy a contar lo que hice en el pasado Salón del Cómic de Granada. Que sí, que fue hace más de un mes, pero es que así soy yo, manteniendo los recuerdos a flote siempre que puedo.


Si bien el año pasado tuve la suerte de asistir como autor, gracias a mi partipación en el proyecto Comic21, este año tocó pasar por caja y entrar como un fulano más (sin cosplayear, eso sí, que todavía me queda algo de vergüenza).

Bueno, miento un poco, el primer día (de los dos que asistí), un viejo coleguilla de la organización se acordó de mí y me pasó una pulserita de invitado. Si es que pueden ser un poco zorongos a veces, pero en el fondo son buena gente.

Este año, el pelotazo del Salón de Granada era la asistencia del grandísimo Quino, quien, pese a su avanzada edad y delicado estado de salud, aguantó como un berraco la embestida de los aficionados, y casi todo el que estuvo pendiente y en el lugar adecuado en el momento adecuado consiguió su autógrafo.


Que sí, que vale, que la organización sigue un poco deslabazada y se deja demasiadas cosas a la improvisación. Problemas pandémicos que aparecen un año sí y otro también no terminan de arreglarse, como el tema de las colas a la entrada, la desinformación de algunos miembros y el pequeño caos que se forma a veces cuando no sabes quién hace qué y dónde y cuándo. Detalles que, para un Salón con la solera que tiene el de Granada, ya deberían estar más que cubiertos. Todos los años igual. Pero seguro que el que viene, mejor.


Luego están los imponderables, como la batalla perdida contra los elementos. Los elementos meteorológicos, quiero decir. Porque este año cayó agua para hartarse. Al final la carpa que habían montado ya no daba más de sí, y más de uno se llevó un disgusto con las goteras y el material que habían puesto a la venta. Una pena, desde luego.

Pero bueno, sólo por ver y conocer a Quino, mereció la pena. Y, tras el aluvión de fans que buscaban su firma, fue todo un detalle por su parte (no tenía por qué, dado su estado de salud, y la que estaba cayendo), participar en una tercera sesión de firmas fuera de programa (había dos, una para el viernes tarde y otra para el sábado por la mañana, pero no fueron suficientes ni de broma), y gracias a la cual conseguí que me firmara mi tocho de "Todo Mafalda", después de ir cargando con él en la mochila todo el día.


Y sí, Quino es mucho Quino, vale, pero otro de los aspectos menos buenos del pasado Salón de Granada, fue la excesiva separación entre Quino y el resto de invitados (hasta en la página web, con un apartado todo para Quino, y otro para "los demás"). Un poco feo centrar toda la atención en un invitado, aunque sea de ese calibre, y dejar un poco a la mano de Dios al resto.

Porque mi segundo especial interés en esta edición del Salón era conocer por fin en persona a Iván Sarnago, que presentaba en primicia primiciosa su libro recién "crowfundado" de #ChicadeSerieB.


Es más, creo que tuve el privilegio de conseguir el primero de estos libros, dedicado y todo,de entre todos los mecenas que participaron en su patrocinaje. En una fantástica edición en tomo, de tapa dura, mucho mejor de lo que me esperaba. Y ahora con muchas ganas más si cabe de ver por fin el segundo y último tomo recopilatorio de las tiras. Una cosa es verlas en Internet de gratis, que se puede, y otra muy distinta, y mucho más satisfactoria, "palparlas" en papel, con los añadidos de alguna que otra tira extra, comentarios al margen para situar el contexto en tal o cual momento, y apreciar mejor el mensaje de la tira, y, sobre todo, en una edición tan mimada como la presente. Y es que está al que le gusta el olor del napalm temprano por la mañana, y al que le gusta la textura del papel satinado y el olor de las tintas de imprenta.

Seguir las tiras de "Quiero una Chica de Serie B" (luego "Tengo una Chica de Serie B", y finalmente, "#ChicadeSerieB" a secas) es conocer a Iván Sarnago, como si fuera un colega de toda la vida. Con más o menos licencias sobre la vida real, al final te haces una idea aproximada de cómo es, que ves que no va demasiado desencaminada cuando por fin lo conoces en persona.

Y como de un tiempo a esta parte parece que hablo demasiado de él y de sus proyectos (¡SerieB, señora!), que ya parece que estoy enfermo u obsesionado con él (no llega a tanto, palabra), simplemente comentar que ahí estuvo también en sus sesiones de firmas, y en una charla (por llamarlo de alguna manera, porque al final estuvimos cuatro gatos, como se aprecia en la imagen) sobre autoedición y crowdfunding y cosas de ésas o dos.


Sarnago estuvo dedicando ejemplares de su libro en el stand de Aleta Ediciones, junto a Jordi Bayarri, y compartiendo isla con el stand de Dibbuks.


Aquí abajo en la foto tenemos a El Torres (a quién también conocí finalmente en persona, después de más o menos saber de él a través de Internet) dedicándome el tomo de "El Velo" (pedazo de historión, y porque ya no me daba el presupuesto para comprar "El Bosque de los Suicidas"). Y, junto a él, y observados muy de cerca por el boss Joseba Basalo, de Aleta, a Jordi Bayarri y a Iván Sarnago, también entretenidicos en lo que mejor saben hacer.


A Jordi ya lo vi, de lejos, el año pasado, ya que la mesa de firmas estaba casi enfrente del stand de Comic21 (también fue todo un placer reencontrarme con algunos de los colaboradores en el proyecto, como JAB, Carlos López, Bonet, El Bute y más que me dejo, que pasaban por allí), pero como apenas si conocía su obra, y marginalmente, me dio apuro decirle nada.

Pero este año ya perdí un poco la vergüenza y me agencié su cómic de guarreridas espaciales de "Scrap Trek", y hace poco también he conseguido algunos de sus tomos para "Magia & Acero". Bayarri se encontraba también promocionando sus cómics educativos (en el buen sentido) sobre Darwin (que ya tenía) y Galileo (que próximamente se hará realidad gracias también a un proyecto de crowdfunding que acaba de completarse con éxito).


Al final, un día de éstos, me voy a animar yo también con esto del crowdfunding, ya veréis.

En resumen, a pesar del tiempo, a pesar de los jaleos, de los puestos de fideos chinos y de los omnipresentes cosplayers (lo poco gusta y lo mucho cansa), fue un fin de semana de lo más aprovechado y entretenido. Mi último "pero" al Salón es el que se les está poniendo a prácticamente todos los salones, de aquí y del extranjero, en los últimos años. Se vuelcan demasiado en hacer caja, en tener más y más stands de tiendas y de chorradicas varias, en concursos de disfraces y demás jarana, y se descuida un poco lo que, a mi entender, debe ser el espíritu de estos certámenes, potenciar más la participación de los autores invitados, involucrarlos más en el desarrollo del evento, con mejores charlas, mejor preparadas y organizadas, mejores exposiciones... algo que nos dé a entender que aquello es un Salón propiamente dicho del Cómic, y no un mercadillo.

Gracias a Dios me consta que están surgiendo nuevas actividades donde se esfuerzan más en recuperar esto que digo. Genial, nunca es tarde.

Y, como apéndice, y para dar envidia, os dejo dos dibujillos dedicados de Sarnago (¡ya paro!), que me correspondían por ser mecenas de su libro.



Ea. El año que viene, más y mejor, seguro que sí.

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