viernes, diciembre 21, 2018

Respeto

Aún consternado por la tragedia de El Campillo, algo más de una semana después de la desaparición de la chica. No pintaba nada bien, y al final se confirmaron todos nuestros temores. Y peor aún, dado lo macabro de los acontecimientos.

Te embarga una mezcla de sentimientos. Pena, mucha pena, eso para empezar. Indignación, porque aún en pleno siglo XXI se sigan sucediendo episodios así, con individuos (no se les puede llamar personas) con esa mentalidad tan arcaica de que pueden hacer y tomar lo que les viene en gana, siempre a costa de los más débiles. Y sientes miedo, mucho miedo, porque pueda volver a pasar. Que pasará, visto cómo anda el patio. No es que vayamos hacia atrás, como los cangrejos. No es que involucionemos hasta la Edad Media. O hasta la Edad de Piedra, incluso. Es que vamos derechos hacia el futuro. Pero el futuro del Planeta de los Simios.

Y, por último, sientes impotencia. Por no tener claro, ni ver una luz hacia donde ir y que se pueda dar solución a este problema real. Sí, castigo. El castigo es un remedio, un parche para compensar (pista: no, no compensa) el daño que ya se ha hecho. Y lo que tenemos que conseguir es que no se llegue a causar ese daño. ¿Con la educación en el respeto y los valores? Pienso que sí, que ése es el camino que deberíamos seguir. Ojalá lo emprendamos antes de tener que llorar más desgracias.


Estaría bien que el 2019 fuera el primer año sin noticias de este tipo. Por pedir, que no quede. Y que cada uno, por su lado, ponga todo de su parte para que esto se cumpla.

1 comentario:

Diego Cobo dijo...

Muy bien dicho, Josema!

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