domingo, febrero 18, 2018

Ya fue Navidad

Sí, ya sé que estamos a puntito de acabar Febrero, que San Antón quedó muy lejos, y que las Pascuas mucho más, pero así soy yo, siempre apurando hasta el último momento y más.

Y hasta ahora no había sacado un rato "largo" para sentarme y preparar la galería de mis ya tradicionales felicitaciones navideñas para la Nochebuena en familia. ¿Qué cómo va eso de las felicitaciones? Todo se remonta a hace una pila de años, cuando cada Nochebuena nos reuníamos en casa de mi abuela para celebrar las fiestas y, como costumbre, preparar unos regalillos para toda la familia. Algo sencillito, realmente no hacía falta más. Al final mí tía preparaba unas breves rimas personalizadas para cada asistente, recordando y celebrando algún momento especial del año que acababa. Todo por la fiesta y la familia.

Hasta que un año, no recuerdo ya cuál (1996, me parece), a alguien (se dice el pecado, no el pecador) se le ocurrió la feliz idea de acompañar dichas rimas con dibujos de un servidor. Al final, te lías, y pasa lo que pasa, que como sarna con gusto no pica, pues te apuntas y, lo dicho, todo sea por la fiesta y la familia. Y aunque el motivo principal sean las Navidades, siempre me he permitido la licencia de aportar mi toque personal a las ilustraciones. Es mi modo de pasar el cepillo.

Año tras año, a veces con más margen y otras de forma más atropellada, ahí han estado las tarjetas, preparadas para un número fluctuante de asistentes (es lo que tienen las reuniones familiares que, conforme pasa el tiempo, aumentan las familias, aumentan los compromisos, y no siempre se puede estar en dos sitios a la vez). Hasta a mí me ha pasado, que un par de veces, por motivos de peso, he tenido que disculpar mi ausencia. Y aún así, me he preocupado de que nadie se quedara sin su tarjetita, aún a contrarreloj, por ahora siempre he cumplido. Y lo que pueda durar.

Ya sabéis que tenéis casi todas las tarjetas en mi otro blog, el de ilustraciones y cómics. Por desgracia, sólo desde 1998, cuando caí en la cuenta de que podía escanearlas antes de regalarlas, y dejar así constancia de su existencia. Porque a saber dónde acabarán algunas...

Este año se me venían encima las fechas y no sacaba un rato para los dibujos. La verdad es que fue un otoño bastante intenso e intensivo. Pero, bueno, a última hora por fin encontré el tiempo y el ánimo para liarme con el tema. El tema, ésa es otra. Tras años y años de dibujar a mis monigotes celebrando la Navidad, hay motivos que siempre van a aparecer reflejados en las tarjetas, pero aún así no hay dos tarjetas exactamente iguales. Parecidas, vale, pero no iguales. "Haz fotocopias", me dijeron una vez porque me veían apurado de tiempo... ¿pero qué me estás contando? ¿¡Cómo iba a hacer esa cutrez!?. Lo cual supone ir pensando, a menudo sobre la marcha, sobre qué centrar el dibujo. A veces viene solo... otras cuesta un poco más. Al final tardó menos en entintar y rematar el dibujo que lo que había tardado en plasmarlo en primer lugar.

Pues eso, que este año se avecinaba el problema de siempre, ponerme a preparar 24 tarjetas (hemos tenido años de 40 y tantas, no me quejo) sobre el tema navideño, con la entrega a la vuelta de la esquina. Y, como suele ocurrir, la inspiración llega tarde, pero viene bien pertrechada. Así que estas últimas Navidades quise probar algo diferente.

En lugar de preparar 24 historias de una viñeta (tarjeta, en este caso), preparé una historia navideña en 24 tarjetas. Cada una con un destinatario diferente, cada una con su motivo habitual en estas fechas... Pero, todas juntas, con un hilo en común.

























Pues al parecer, gustaron.

Lo que, claro, me supone un problema de cara a las próximas Navidades. Pero ya lo pensaré la semana de antes.

Como de costumbre.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...